jueves, 7 de julio de 2011

Avatar

La película 'Avatar' (2009) de James Cameron, narra la historia de conflicto entre los na'vi, habitantes del planeta Pandora y los humanos cuando éstos últimos pretenden extraer un precioso mineral en los lugares sagrados de los na'vi.
La película es una metáfora ecologista de la que me interesan dos aspectos:
El primero es la magnífica invención de los paisajes de Pandora, inspirados en el parque natural chino de Zhangjiajie. En la imagen superior se aprecia la similitud entre ambos mundos, el real y el imaginado. Paisajes oníricos ambos y de gran belleza escénica.
La segunda es la manera en que el personaje de Jake Sully, parapléjico, consigue integrarse en ese paisaje y vivirlo con intensidad mediante su 'avatar', un cuerpo artificial gobernado por la mente del protagonista. Y es que, nuestros esfuerzos sociales y profesionales en el ámbito del paisaje, deberían ir encaminados a construir 'avatares' que nos den capacidades y habilidades para disfrutar de nuestros paisajes, cercanos y lejanos para así mantenerlos, protegerlos y sostenerlos.

jueves, 30 de junio de 2011

t18

Mis colegas y amigos Xavi Alba y Octavio Mestre han puesto en marcha la revista digital gratuita t18, dedicada a la arquitectura, el paisaje, el diseño...
Comparto y apoyo su punto de vista reflejado en el editorial: 'Mirando hacia otro lado'. Sumar y no restar y mirar en varias direcciones otras maneras de hacer.
Me ha resultado especialmente interesante el proyecto de paisaje '1.000 peace flags' de Marco Casagrande y Sami Rintala en el parque nacional Koli de Finlandia.

Bienvenida t18 y por muchos años!!!!

lunes, 27 de junio de 2011

Un paseo entre los pinos

El chef René Redzepi, en su restaurante Noma, en Copenhague tiene entre sus postres uno que evoca un paseo entre los pinos. Lo escuché explicándolo. Su idea era asimilar la experiencia del paisaje en la boca. Así lo pensó y diseñó. Mientras te llevas la cuchara a la boca, tienes la sensación de pasear en un bosque, sus aromas, sus texturas, sus colores. Concentrado en unos centrímetros cúbicos y unos minutos.
El paisaje siempre ha tenido la virtud de dejarse concentrar, en un cuadro, en una fotografía, en un documental, en una novela, ahora en un postre, amplificando así su capacidad de comunicarnos experiencias sensoriales. Es capaz de emocionarnos aunque ni siquiera lo hayamos visitado. Ahora bien, la experiencia real y completa es la de sentirse inmersos en ese paisaje, recorrerlo y descubrirlo. Es recomendable y satisfactorio aunque concedo que quizá fuera mejorable si nos lleváramos parte de ese postre para paladearlo mientras caminamos.

jueves, 9 de junio de 2011

Rutas etéreas

Muchos territorios pretenden organizar su oferta turística mediante rutas: La ruta del aceite, La ruta del vino, La ruta de los robles, La ruta del río... Cualquier motivo o excusa son buenas para organizar un recorrido. Y en realidad, así es. El problema con muchas de de ellas es que son virtuales. Tienen logo, tienen folleto, tienen incluso señales, pero no son recorribles. No se corresponden con productos sino con publicidad genérica de un espacio territorial y con datos y cifras bien relacionadas. No son rutas 'in situ', sino 'in visu', es decir para mirar o para leer pero no para recorrer físicamente.
Hoy que concentramos nuestros esfuerzos en dotar de experiencias a los productos turísticos (el llamado turismo experiencial), la profusión de 'falsas rutas' ricamente ataviadas produce en los turistas decepción al no corresponder sus expectativas con la realidad. Mejor sería seleccionar y diseñar contenidos e incorporarlos a la experiencia del visitante en cualquier formato, convencional o tecnológico. El verdadero I+D+I para los destinos turísticos.

domingo, 15 de mayo de 2011

Augmented Tourist Experience


Atesoro el recuerdo reciente de un paseo por la dehesa extremeña con un buen conocedor del terreno. Alguien con el conocimiento incorporado de su tradición y la sabiduría de transmitir su amor por el lugar con las pequeñas y grandes historias que lo visten y enriquecen. Anécdotas, leyendas, datos, curiosidades, dramas, exageraciones, vivencias personales… mezcladas con el paisaje, los aromas y colores de la primavera, constituyeron un memorable ejercicio de ‘realidad aumentada’. Es decir, mi capacidad de percepción y, por ende, de goce se incrementó gracias a la interacción con mi amigo. No es que no fuera capaz de notar por mí mismo el aroma desprendido por las plantas de romero, sino que gracias a él lo relacioné con una serie de remedios populares a la vez que con un divertido acontecimiento local que puedo rememorar y compartir ante la futura influencia de ese aroma, anclándose así en mi acervo de experiencias.
Nuestra vida urbanita nos da nuevas habilidades y nos resta otras de relación con el medio natural y rural de las que aún dispone mi amigo extremeño. No pretendo demonizar ni ensalzar una u otra, más bien constatar la oportunidad que se abre para diseñar ofertas de ‘aumento de la realidad’ y adquisición de experiencias nuevas y excitantes que el medio circundante nos depara. Ahora bien, no podemos pretender que el mismo cliente ultraconectado e hiperestimulado moderno compre ofertas insulsas y poco trabajadas en aras de la ‘tranquilidad’ o por la obligación o culpabilidad ‘ecológicas’ de la protección natural o rural. Sin renunciar a esos valores, disponemos de la tecnología y de la tradición viva (aún) para llenar de contenidos y experiencias de calidad al futuro visitante. Hay un ingente trabajo para relacionar ambas, diseñar experiencias y seducir a la demanda. Si no, resignémonos a seguir sumando experiencias repetitivas en entornos artificiales como los parques temáticos o suspirar viendo los documentales de National Geographic.

martes, 26 de abril de 2011

El monte Tindaya (2)

Hace pocos días visitaba los 'kuel', 'montículos socialmente construídos donde residen espíritus ancestrales' según la definición del profesor Dillehay. Decenas de 'kuel' se distribuyen por los valles chilenos de Lumaco y Purén caracterizando y dando referencia sutil a su paisaje. Estos montículos fueron construídos desde el siglo XIII hasta el XIX. Otras culturas ancestrales han personalizado su entorno, más o menos sutilmente dependiendo de sus capacidades tecnológicas: los kurganes de la edad de bronce o los acueductos romanos.


Nuestra 'sutileza' en el tratamiento del paisaje ha ido desapareciendo a medida que incrementamos la capacidad tecnológica de transformación. Cabría pensar que a mayor capacidad corresponde mayor cuidado y responsabilidad, pero no es así. Hoy con todos los medios de análisis e información a nuestro alcance y las mayores posibilidades de diseño, hacemos reduccionismo de nuestras intervenciones en el medio, empobreciéndolo y malbaratándolo. Horadar Tindaya también usa de la capacidad transformadora, pero creo que en el espíritu del proyecto subyace todo lo contrario: Un uso sutil de la capacidad de transformación del paisaje. Aunque en Tindaya no se construye el montículo sino que se vacía, intuyo el mismo espíritu que animaba la construcción de los kuel mapuche.

lunes, 7 de marzo de 2011

El monte Tindaya (1)


Nunca he oído argumentar el emplazamiento de las pirámides de Egipto como una agresión al paisaje del desierto. Sin embargo, estoy convencido de que un planteamiento similar a día de hoy, concitaría la más encendida de las polémicas. ¿Pirámides rompiendo el perfil del Valle de los Reyes? Y además ¿como una intervención sistemática? ¡Intolerable!
Al contrario, no se entiende ese paisaje sin las pirámides que lo caracterizan y mejoran. Incluso a veces, hasta se nos hace raro observar escenas de desierto sin su conspicua pirámide.
¿Y qué decir de los ‘moais’ de Pascua o Machu Picchu?
Quizá es que hemos de contar miles de años de distancia para dar por buena una intervención humana.
En 1985, el escultor Eduardo Chillida tuvo un sueño y, tras buscar un lugar donde realizarlo, encontró Tindaya en 1994. Con la ayuda del arquitecto canario José Miguel Fernández Aceytuno idearon una intervención en el monte Tindaya en la isla de Fuerteventura. Consistía en excavar en la montaña una cámara central en forma de cubo cuyas paredes tuvieran, cada una 50 metros. También dos embocaduras verticales para que entrase la luz del sol y de la luna. A la sazón, la montaña contaba con una explotación minera para la extracción de piedra, con lo que la intervención revertía el daño ecológico ya producido.
Tras más de quince años, ya desaparecidos el escultor y el arquitecto, la polémica entre ecologistas, políticos, partidarios y detractores, suma y sigue y no se ha hecho nada. Esperemos un par de miles de años para darlo por bueno.